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Número de Prisión (25) 121.207, esa soy yo, Gerd von der Lippe, participante noruega en Al Awda (El Retorno). Había en total 22 personas en el barco, de las que 13 habían sido seleccionadas por la Coalición de la Flotilla de la Libertad (CFL). Además había dos periodistas y siete miembros de la tripulación, incluidos cuatro noruegos.

¿Por qué navegamos a Gaza sabiendo que con toda probabilidad seríamos encerrados en una prisión israelí? Yo había estado antes en Gaza y sé que la gente de allí se ve a si misma como gente normal y que se siente feliz cuando intentamos llegar hasta ellos para desafiar el ilegal bloqueo israelí con nuestros barcos de la Flotilla de la Libertad. Nuestra decisión esta vez de llevarles suministros médicos también demostraba a nuestros amigos de Gaza que nos sentimos identificados con la población civil, especialmente con los enfermos y heridos.

Fuimos atacados por los piratas de la Armada israelí en aguas internacionales, a unas 42 millas náuticas del puerto de Gaza y a una distancia similar de Egipto. Después de abordar nuestro barco, los soldados se apoderaron de él brutalmente y nos llevaron al mayor puerto de Israel, Ashdod.

Uno de los muchos incidentes ofensivos que yo presencié fue cómo los soldados trataron la bandera noruega bajo la que navegábamos. Un soldado la arrió y había otros dos a su alrededor mientras la pisoteaba y la dejaba abandonada en el suelo. Era algo terrible de ver. Me sentí muy ofendida –¡qué falta de respeto! Realmente me hizo sentir herida. Mientras esto sucedía yo estaba a cargo de un grupo de cuatro personas vulnerables, que habían decidido permanecer sentadas durante todo el ataque militar a nuestro barco. Era muy consciente de mi particular responsabilidad, y tuve que echar mano de lo aprendido en el entrenamiento de dos días sobre no-violencia que recibimos en Palermo antes de iniciar esta última etapa del viaje para controlarme y no correr hacia estos soldados para echarles en cara su flagrante falta de respeto. Poco después, uno de mis compañeros participantes, Mikel, saltó y recogió la bandera, la plegó cuidadosamente y la dejó cerca de nosotros. Yo fui líder scout cuando era joven y tengo un gran respeto hacia las banderas de todas las naciones, incluida la mía propia. Entre 1960 y 1970 fui un miembro de la selección nacional noruega de atletismo y durante ese tiempo también aprendimos a honrar las banderas. Yo y muchos de mis amigos celebramos con orgullo nuestro día nacional, el 17 de mayo, fecha en que suelo izar varias banderas en nuestro jardín. Esta conducta de los soldados israelíes era indicativa de su falta de respeto y de disciplina, algo con lo que el pueblo palestino tiene que lidiar cada día.

Cuando finalmente alcanzamos el puerto de Ashdod, nos introdujeron en un área militar cerrada y nos sometieron a repetidos cacheos. Cada vez que nos cacheaban como si fuéramos terroristas yo tenía verdaderos problemas debido a mis dos caderas artificiales. Sus artilugios técnicos generaban terribles ruídos en mis caderas nuevas, y ellos hacían como si no entendieran por qué. Así que me enfadé muchísimo y eso generó una gran cantidad de adrenalina en mi cuerpo, con la consecuencia de que mi tensión subió hast un nivel peligroso. Como consecuencia, ellos quisieron llevarme al hospital, pero me resistí gritándoles que mi tensión volvería a ser normal en cuanto me permitieran abandonar este terrible país. Fuimos cacheados seis veces en total, cada vez por personas distintas y en formas diferentes. Cuando dos mujeres-soldado registraron mis ropas volvió a ocurrir lo mismo. Yo grité para no sentirme asustada –esta vez con tanta potencia que una de las soldados se amedrantó durante un breve momento. Su revancha fue revisar mis ropas varias veces más y luego desnudarme otra vez, arrojando toda mi vestimenta al suelo. Mi barra de labios, ropa interior, jerseys, tarjeta de crédito y sombrero con el logo “Ship to Gaza“ quedaron desparramados por el suelo.

Cuando finalmente este proceso terminó, a tres de nosotras nos introdujeron en un furgón-prisión como ovejas y nos trasladaron a la prisión Givon. Allí se nos sometió a un nuevo cacheo de cuerpo y ropa y me despojaron de todo excepto una camiseta, gafas de lectura y un par de pantalones, incluyendo prendedores de pelo, bastoncillos dentales e hilo dental, objetos considerados peligrosos. Luego a las seis mujeres que viajábamos en el Al Awda nos encerraron en una misma celda. Supuestamente el trato para hombres y mujeres es el mismo en las cárceles israelíes, pero esto no es exactamente así. A nosotras nos trataron peor que a nuestros camaradas masculinos. Por ejemplo, los hombres tenían un ventilador en su celda lo cual evitaba que ésta se convirtiera en una sauna. Y también se les permitía salir al exterior dos veces al día, al contrario que a las mujeres, a las que solo se nos permitía salir durante un breve período cada día. Los guardias israelíes nos impedían estar con los hombres, y parecían pasárselo bien viniendo a nuestra celda tanto de día como de noche y generando un montón de estruendo. La comida era terrible, pero no peor de lo que esperábamos. Mi cuerpo deportivo de 75 años de edad sudaba muchísimo en la celda-sauna durante las noches y necesitaba agua limpia, algo que solo nos estaba permitido durante nuestro ejercicio diario en el exterior. Un día me sentí tan cansada después de haber dormido solo dos horas durante dos noches, que no tenía energía para salir al exterior- me sentía cercana al desmayo. No bebí el agua sucia que había en la celda y mi cuerpo se deshidrató. Nos daban la comida en platos sucios, que nosotras lavábamos con jabón y agua sucia y fría. Algunas de nosotras fregábamos el suelo para evitar que entraran pequeños reptiles en nuestra celda. Una mañana uno de los guardias me gritó y luego me dio un golpe muy fuerte en mi tobillo izquierdo para obligarnos a salir de la cama y levantarnos, lastimándome en una cadera. Mi resistencia no-violenta consistió en gritarle muy fuerte “¡Soy profesora y conozco mis derechos!“ “necesito un médico“. Me prometieron que me darían acceso a un médico, pero tendría que esperar. Varias horas más tarde, sin embargo, yo estaba de camino hacia el médico con la ayuda de Divina. Para exagerar mi dolor, aunque no era necesario, yo cojeaba y ella me sostenía. Nos ayudábamos la una a la otra. El día anterior yo había conseguido sacar su mechero a escondidas, y ahora ella me ayudaba a mí. Sin embargo, no íbamos camino del médico sino a una nueva celda caliente. Para evitar desmayarme en nuestra nueva sauna, le pedí a Divina que cantara conmigo. Lo hicimos en voz tan alta y tan bien, creo, que todos los guardias que pasaban nos oían y algunos de ellos miraban hacia nuestra celda. Canciones como “Yesterday“, “We are many“ (una canción feminista escandinava), “Who can sail without wind“, “The Internationale“ y una vieja canción folk noruega que los guardias realmente odiaban. Esta canción me ayudó a cantar con fuerza. El oir me propia voz me dio energía y me ayudó a reafirmar mi identidad, porque la intención de los guardias era romper nuestra moral y deshumanizarnos. Todos nosotros, hombres y mujeres, nos apoyamos unos a otros durante todo el tiempo. Cuando golpearon a Larry, gritamos: “¡Tenemos un médico!“, lo que no le ayudó mucho, y como venganza no se nos permitió salir ese día y no se nos dio de comer. Algunos guardias me dijeron que les gustaría matarnos, pero sabíamos que no se atreverían porque eso habría generado una tormenta en los medios como cuando asesinaron a diez activistas en el Mavi Marmara en 2010.

El miembro de la tripulación noruego Jan Petter y yo permanecimos encarcelados durante cinco noches, más que todos los demás. Teníamos la esperanza de recibir alguna ayuda del Ministerio Noruego de Asuntos Exteriores, especialmente porque nuestro barco noruego había sido atacado en aguas internacionales. ¿Que hizo el gobierno conservador noruego? Le preguntaron al Departamento de Exteriores israelí por qué nos detuvieron y cómo. Como prisioneros y ex-prisioneros no hemos tenido ninguna noticia directamente de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores, solo vía medios de comunicación de que el bloqueo de Gaza es legal, lo cual es, por supuesto, incorrecto. Naciones Unidas ha declarado que el bloqueo israelí es “una violación de la ley internacional“. Ahora hemos comenzado a trabajar en una estrategia para movilizar a miembros del parlamento y otros para rebatir al gobierno noruego. Lo más importante para la Coalición de la Flotilla de la Libertad (CFL) es poner fin al bloqueo ilegal de Israel sobre Gaza. Dos millones de palestinos están viviendo allí un infierno en el mayor centro de detención del mundo. Los israelitas están llevando a cabo un experimento sicológico de masas y esto es un crimen global contra el que la CFL va a continuar luchando de forma no-violenta.

Gerd von der Lippe fue campeona de atletismo y profesora de Sociología del deporte en Noruega. Es miembro de Ship to Gaza Norway, y participó a bordo del Al Awda (El Retorno) en la navegación de 2018 con la Coalición de la Flotilla de la Libertad contra el bloqueo de Gaza y por el derecho a un Futuro digno para Palestina.

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